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Durante el confinamiento decretado para evitar la propagación del coronavirus, el uso constante de los aparatos de calefacción dentro de las viviendas elevó el riesgo de intoxicación por monóxido de carbono.

Cuando un combustible a base de carbono se quema en un ambiente provisto de una cantidad insuficiente de oxígeno, se provoca una combustión incompleta formando un gas altamente tóxico conocido como monóxido de carbono. Debido a que se trata de un gas incoloro, inodoro e insípido, su detección es muy compleja para nuestros sentidos, por lo que en espacios cerrados puede llegar a ser muy perjudicial.

Tras su inhalación, nuestro organismo comienza a absorberlo rápidamente, remplazándolo por el oxígeno de nuestros glóbulos rojos que dejará de ser trasportado a los órganos y tejidos, lo que producirá una probable intoxicación. Los efectos de esta reacción en el cuerpo son inmediatos, provocando principalmente somnolencia, debilidad muscular, mareos y nauseas. Debido a su rápida absorción, el afectado podría llegar a morir en menos de una hora si pierde la consciencia y no recibe ayuda urgente, lo que se conoce comúnmente como muerte dulce.

Es en los meses de invierno, especialmente desde octubre a abril, cuando se acumula el mayor número de incidencias por este motivo. Cualquier sistema doméstico que queme combustible orgánico, así como los calentadores y los aparatos de calefacción que empleen leña, carbón, queroseno o gasolina producen monóxido de carbono. Sin embargo, la mala combustión de estos sistemas, principalmente de las calderas de gas, braseros o estufas posiblemente deterioradas, provocaron a principios de año numerosos accidentes que, en algunas ocasiones, llegaron a causar la muerte. Ahora, a pocos meses del regreso del invierno, hacer una revisión a nuestros sistemas de producción de calor será fundamental para asegurarnos su buen funcionamiento y mantenimiento.

Aunque la causa más frecuente de envenenamiento por monóxido de carbono es la mala combustión en aquellos sistemas de calefacción que funcionan con carburantes vegetales, el mal funcionamiento de las instalaciones de gas también supondrá un peligro inminente. Con independencia del material que se combustione, las intoxicaciones en viviendas particulares por este tipo de sustancia son más frecuentes de lo que parece, debido a malos hábitos de conservación.

La medición de los gases mediante revisiones anuales y la instalación de sistemas de ventilación adecuados es crucial para evitar este tipo de accidentes. Asimismo, además de las revisiones periódicas por parte de profesionales cualificados, es fundamental mantener una ventilación adecuada de la vivienda, evitar la instalación de los sistemas alimentadas por combustibles vegetales en los dormitorios y la revisión asidua de chimeneas, hornos y estufas. Sin embargo, no es una práctica recurrente, pues al contrario que en el resto de países europeos, la exploración anual de este tipo de sistemas no es obligatoria en España. Esto da lugar a una idea equivocada de previsión, pues ahorrar dinero no significa una mayor protección en todos los ámbitos de la vida.

Ángela Martín Parrales

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