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Como cada 21 de octubre, ayer se celebró el Día Mundial del Ahorro de Energía. A pesar de que no debería considerarse como un día especial, pues lo correcto sería festejarlo los 365 días del año, es importante concienciar a la población de los beneficios que aporta hacer un uso racional de la energía. Con motivo de su conmemoración, recordar los hábitos de consumo energético de los que la sociedad ha de tomar conciencia es fundamental para luchar contra el cambio climático.

El consumo de energía implica la utilización de recursos naturales derivados, principalmente, de combustibles fósiles, como el carbón o el petróleo, que son limitados en nuestro planeta. Sin embargo, debemos tener en cuenta que su extracción supone un elevado costo, no solo económico sino también ambiental. Por ello, es de vital importancia moderar el consumo energético que realizamos en nuestra vida cotidiana y, sobre todo, ser conscientes de sus límites.

Sin duda, el medio ambiente es el que más sufre las consecuencias de nuestras acciones, por lo que muchas organizaciones buscan sensibilizar a la población sobre la importancia de ahorrar energía. Cuidar el planeta representa un desafío, pero también una responsabilidad colectiva, por lo que apostar por fuentes de energía sostenibles que contribuyan a reducir las emisiones de gases contaminantes resulta fundamental en el proceso de descarbonización energética que se pretende conseguir.

Debido a que el sector de la energía es responsable de la mayor parte de las emisiones mundiales, las industrias y los gobiernos deben adoptar medidas drásticas destinadas a su reducción. Además, han de buscar alternativas que permitan realizar un uso racional de los recursos energéticos para poder cumplir con los compromisos por el clima a nivel internacional.

El último informe de la IEA (International Energy Agency o Agencia Internacional de la Energía) demostró que reducir las emisiones de dióxido de carbono derivadas del sector de la energía es posible mediante la instauración de políticas rápidas e inteligentes sobre las empresas, con el fin de incentivarlas a acelerar las transiciones a la energía limpia. Países como Dinamarca o India nos muestran que cumplir con estas propuestas es un hecho viable y demostrado, aunque para lograrlo se requiere de un fuerte respaldo político comprometido a ayudar a las empresas industriales en la reducción de las emisiones globales a través de inversiones en tecnologías eficientes.

La rehabilitación de los edificios existentes, así como la construcción de nuevas viviendas sostenibles para reducir la demanda energética, es uno de los objetivos de ahorro de energía marcados por la Unión Europea. Con el fin de alcanzar este propósito, la Unión Europea aprobaba recientemente una normativa que obligará, a partir de 2021, a que los edificios de obra nueva o rehabilitados sean energéticamente eficientes.

No obstante, en una sociedad dispuesta al desarrollo industrial, económico y tecnológico, donde los recursos naturales se utilizan de forma indiscriminada, la ciudadanía por sí misma también debe tomar en cuenta los daños irreparables que sus acciones pueden ocasionar. Las fuentes de energía se van agotando y el cambio climático ya no es una predicción, sino un fenómeno actual que podríamos frenar si cada uno pusiéramos nuestro granito de arena.

Algunas de las acciones a nivel individual a las que debemos acostumbrarnos de incluir en nuestra rutina son:

  • Priorizar el uso de luz natural el máximo tiempo posible.
  • Desenchufar cargadores que no se están utilizando y aquellos aparatos o dispositivos que no necesitan de conexión continua.
  • Utilizar bombillas de bajo consumo.
  • Apagar luces o televisores que no estemos utilizando.
  • Procurar descongelar los alimentos a temperatura ambiente sin la utilización del microondas.
  • Controlar el uso de la calefacción y aire acondicionado, y en su defecto, utilizar sistemas con capacidad de ahorro de energía eléctrica y que utilicen refrigerantes de última generación.
  • Realizar inspecciones periódicas para comprobar el correcto funcionamiento de los equipos.
  • Optimizar la protección y el aislamiento térmico en la vivienda.
  • Utilizar aparatos que controlen y limiten el uso de energía.
  • Fomentar el reciclaje y la reutilización de los recursos materiales y, al mismo tiempo, optar por aquellos de origen ecológico o reciclado.
  • Apostar por el uso de energías renovables.

Un pequeño aporte diario en el ahorro de energía significará alcanzar a medio o largo plazo una sostenibilidad que permita conservar correctamente el mundo donde vivimos, garantizando a su vez un lugar confortable a las generaciones futuras. Establecer unos hábitos de consumo energético simples y sencillos de llevar a cabo en nuestro día a día será esencial para contribuir al cuidado del medio ambiente y, al mismo tiempo, de nuestro hogar más especial, la Tierra.

Ángela Martín Parrales

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