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La contaminación derivada del tráfico y las industrias no es la única responsable de la mala calidad del aire de las ciudades. Aquella derivada del sistema de calefacción existente en la mayoría de los países podría causar incluso más perjuicio al medio ambiente.

El último informe de ECOS, la organización europea que promueve y defiende los intereses ambientales en el desarrollo de estándares, evidencia que el 75% de las calderas de los hogares europeos siguen funcionando con energías contaminantes. La utilización masiva de combustibles fósiles, como gas, gasoil o carbón, supone que el 12% del total de las emisiones de CO2 de Europa estén vinculadas a las calefacciones domésticas.

El año 2013 significó un gran avance en materia medioambiental cuando la legislación europea comenzó a incluir medidas de ecodiseño e implementar un etiquetado ambiental en las calderas de los hogares, similar a los distintivos que clasifican a los coches en función de su impacto ecológico.

Desde ECOS reconocen que con este simple progreso se ha conseguido reducir anualmente cerca de 80 millones de toneladas de CO2. No obstante, la normativa europea continúa siendo demasiado permisiva, ya que no contempla una fecha límite para que las calderas que funcionan con energía fósil dejen de funcionar de manera definitiva.

La necesidad de renovar el sistema de calefacción en el continente europeo es muy alta, ya que más del 50% de las calderas son ineficientes y cerca de la mitad de los edificios cuentan con equipos instalados antes de 1992. ECOS asegura que la inclusión de las calderas que funcionan con energías limpias está siendo demasiado lenta. Y es que tan solo el 17% de los aparatos que se sustituyen en Europa funcionan con energías renovables, mientras que el restante porcentaje se trata de equipos de gas, gasoil y carbón.

De momento, el ritmo parece insuficiente para cumplir con los objetivos climáticos marcados en el Pacto Verde Europeo y el Acuerdo de París para 2050, incluso la Comisión Europea calcula que es necesario reducir el 40% de las emisiones producidas por las calefacciones en los hogares de cara a 2030.

Teniendo en cuenta que la vida media de una caldera de gas es de 25 años, el objetivo de llegar a 2050 con neutralidad de emisiones no parece asequible. Tal y como explican desde ECOS, si después de 2025 seguimos instalando calderas que utilizan combustibles fósiles para funcionar, “Europa no será climáticamente neutra en 2050 y los líderes de la Unión Europea no cumplirán con su promesa”. Además, apuntan que se trata de “una cuestión de voluntad política, pues ya existen alternativas de calefacción limpias como las bombas de calor y la energía solar térmica.”

Concluyendo que “los gobiernos deben dar un impulso definitivo”, ECOS asegura que este impulso puede venir de la mano de un nuevo sistema de etiquetado que realmente se ajuste a la eficiencia y la sostenibilidad de los aparatos.

En una escala de la A a la G, el etiquetado energético nos indica el nivel de consumo del aparato en cuestión, donde la clase A correspondería a la línea más eficiente del mercado. Sin embargo, dentro de los aparatos definidos en una escala A, podemos añadir tres tipos más, A+, A++ y A+++, cada vez más eficientes.

Sin embargo, ECOS advierte de que se está “enviando un mensaje engañoso a los consumidores”, pues el sistema de etiquetas no impide que los calentadores de agua y calderas de gas o gasoil tengan el certificado A. En la actualidad es posible encontrar calderas de gas de condensación con el distintivo A o A+, lo que provoca que los ciudadanos tiendan a pensar que disponen de un sistema de calefacción beneficioso para el medio ambiente.

Según el informe mencionado anteriormente, España se encuentra ligeramente por debajo de la media europea en relación con el impacto medioambiental generado por el sistema de calefacciones. Mientras que algunas comunidades españolas ya se encuentran trabajando en planes destinados a la mitigación del cambio climático, Aragón comenzaba el pasado 4 de diciembre con su Plan Renove de calderas y electrodomésticos, el cual contará con 1,4 millones de euros. Con estas subvenciones, el Gobierno aragonés pretende “reforzar el empleo y aumentar la seguridad de las instalaciones”, además de la sustitución radical de aparatos de baja eficiencia energética por otros menos contaminantes, con el fin de impulsar así un desarrollo mucho más sostenible.

Ángela Martín Parrales

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