6 datos que no sabías de La gran ola de Kanagawa. Esta icónica obra japonesa esconde grandes secretos y detalles sobre los que su autor, Katsushika Hokusai, trabajó meticulosamente. La gran ola de Kanagawa fue creada hace 190 años y sigue siendo recreada en múltiples lugares: murales, ropa, tatuajes… sin perder su encanto y perfección. En apenas 25,7 cm por 37,8 cm, la obra de Hokusai logró impactar al mundo entero.
6 datos que no sabías de La gran ola de Kanagawa: no es lo que parece
Para la sorpresa de la mayoría de lectores, La gran ola no representa un tsunami. «Podemos estar seguros de que no es un tsunami” explicó el experto en hidrodinámica, Chris Swan, del Imperial College de Londres para la BBC. «Los tsunamis son olas generadas por eventos sísmicos, a menudo en aguas profundas. Cuando eso pasa, la ola tiene una cresta muy larga, que no es el caso en la imagen”. Aunque al principio esta teoría no era bien aceptada, la investigación científica ha terminado corroborándola mediante estudios de olas gigantes. Así que lo que Hokusai plasmó fue un fenómeno natural del poder del mar.
De hecho, la ola no es el tema de la obra, sino una vista o recreación del paisaje del monte Fuji.
En aquella época, el monte Fuji era concebido como un espacio protegido y de gran relevancia simbólica sobre todo para la ciudad de Tokio. Además de provocar cierto temor sobre la población por la posibilidad de erupción del volcán, el Fuji también supuso una fuente de adoración, pues la nueve en su cima era una de las principales fuentes de agua de la ciudad. Se rumoreaba que beber de esta agua te otorgaba el poder de la inmortalidad.
En 1830, con 70 años, Hokusai pondría fin a su serie de 46 impresiones xilográficas con La gran ola de Kanagawa denominada “Treinta y seis vistas del monte Fuji”. «Desde los 6 (años), tenía una inclinación por copiar la forma de las cosas. A partir de los 50, se publicaron mis imágenes…» explicó el artista, reconociendo que llegó a denominarse a sí mismo como “Anciano, loco por la pintura”
Aunque en el resto del mundo la obra más conocida de la serie haya sido La gran ola de Kanagawa, la realidad es que “Fuji Rojo” fue mucho más popular en el Japón del siglo XIX ya que representaba la relevancia espiritual y simbólica de este monte.
6 datos que no sabías de La gran ola de Kanagawa: contexto y relevancia en el panorama internacional
El tono predominante en La gran ola es el azul intenso y profundo, un color que no es muy común dentro de la cultura japonesa. En un contexto de aislamiento internacional desde 1640, Japón tan solo interactuaba con China y Holanda. Al incluirse este tono azul de Prusia inventado en Alemania se representa el deseo de apertura de Japón hacia Europa. Parte del reconocimiento e impacto de las obras de Hokusai se debe a la utilización de este color tan exótico en su serie. Por tanto, tal y como afirma el historiador y exdirector del Museo Británico Neil MacGregor, este cuadro está lejos de ser especialmente japonés. «No es de extrañar que gustara tanto al llegar a Europa. No era un completo extraño, sino un pariente exótico”.
Tras abrirse las fronteras, hubo una popularización de la cultura visual japonesa a lo largo de Occidente creando una nueva corriente o tendencia llamada “japonismo”. Esto hizo que la arte japonés comenzase a influenciar e inspirar a otros grandes artistas. La primera presentación de La gran ola de Kanagawa en Europa se produjo en la Exposición Universal de 1867 en París. El impacto de esta fue revolucionario, dejando a los europeos fascinados por su contraste entre la sencillez y el dramatismo.
En 1888 Van Gohg comentó: «(‘La gran ola) de Hokusai te hace gritar [«No sabía que uno pudiera ser tan aterrador con el azul y el verde»] pero en su caso con sus líneas, su dibujo… te dices a ti mismo: estas olas son garras, el barco está atrapado en ellas, puedes sentirlo”.
Sorprendentemente para muchos, esta obra fue baratísima. Se sabe que en 1842, el precio de impresión de La gran ola fue de 16 mon, lo equivalente a una ración doble de fideos. Era un arte barato, pensado para imprimirse en grandes cantidades; sin embargo, en Japón, los grabados en madera no eran considerados un arte como tal por lo que a la élite no les complacía especialmente aunque luego se convirtieran en emblemas de la cultura japonesa.
A pesar de costar en un inicio una ración doble de fideos, la obra se vendió el pasado marzo por 1,6 millones de dólares en una subasta en Nueva York.
Marina Fernández Plaza
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