“Las decisiones que afectan a millones de personas deben ser justas, transparentes y contestables. Estas nuevas tecnologías deben ayudarnos a afrontar los principales retos de nuestro mundo actual, como el aumento de las desigualdades y la crisis medioambiental, y no profundizar en ellos”, señalaba Gabriela Ramos, subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO, durante la presentación de la primera norma mundial sobre la ética de la inteligencia artificial.
Asimismo, a partir de ahora los 193 Estados Miembros de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) contarán con un marco ético y político para “afrontar de manera responsable los efectos conocidos y desconocidos de la inteligencia artificial en los seres humanos, las sociedades y el medio ambiente y los ecosistemas”.
Las tecnologías de la Inteligencia Artificial facilitan nuestras rutinas diarias. Actualmente, gracias a ellas podemos hacer cosas tan simples como reservar un vuelo. Pero también pueden lograr grandes avances y combatir problemas globales como la detección del cáncer, la creación de entornos inclusivos para personas con discapacidad o la lucha contra el cambio climático.
A su vez, traen consigo “nuevos retos sin precedentes”. “Asistimos a un aumento de los prejuicios de género y étnicos, a amenazas significativas contra la privacidad, la dignidad y la capacidad de acción, a los peligros de la vigilancia masiva y al aumento del uso de tecnologías de la IA poco fiables en la aplicación de la ley”, apuntaba Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, en la 41 Conferencia General.
A pesar de la gran influencia que tiene la tecnología en la sociedad, hasta el momento no había normas universales que la regularan. En 2018, la UNESCO dio el primer paso para crear un marco ético para el uso de la inteligencia artificial. Y, finalmente, tras tres años de intensas negociaciones entre países miembros, el acuerdo mundial se ha oficializado.
No obstante, este texto histórico funcionará como una guía, donde se recogen valores y principios comunes, para construir una infraestructura jurídica que garantice el “desarrollo saludable” de la Inteligencia Artificial. Además, “otorga a los Estados la responsabilidad de aplicarlo a su nivel” y estos deberán informar periódicamente sobre sus prácticas y progresos.
Gracias a la creación del primer acuerdo sobre la ética de la IA se reducirán los riesgos que esta conlleva, se garantizará que “las transformaciones digitales promuevan los derechos humanos y contribuyan a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Estas son algunas de las cuestiones que se abordarán:
Protección de datos
La Recomendación pretende garantizar una mayor protección a las personas. Para ello se deberá asegurar “la transparencia, la capacidad de actuar y el control de sus datos personales”. Si bien es este sentido todo el mundo tendrá acceso a sus registros de datos personales y podrá borrarlos si así lo desea. Otras acciones que incluye el documento oficial tienen como propósito mejorar la protección de datos y el derecho del individuo a controlar sus propios datos.
Prohibición de los marcadores sociales y la vigilancia masiva
Estará prohibido el uso de la Inteligencia Artificial para vigilar masivamente a las personas y para llevar a cabo calificaciones sociales. Así se evitará la vulneración de los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Ayudar a supervisar y evaluar
En el acuerdo se establecen las herramientas necesarias para su correcta aplicación. Para mejorar los usos de las tecnologías de la IA se recomienda que siempre estén supervisadas por un funcionario independiente u otro mecanismo que realice un seguimiento continuo. De hecho, también funcionará la Evaluación del Impacto Ético para ayudar a los países y empresas que la utilicen para “evaluar el impacto de esos sistemas en las personas, la sociedad y el medio ambiente”.
Con esta metodología los Estados Miembros podrán conocer “su grado de preparación en términos de infraestructura jurídica y técnica” y recibirán recomendaciones para llevar a cabo las medidas adecuadas “que deben adoptarse para garantizar la aplicación de la ética en la práctica”.
Protección del medio ambiente
La nueva normativa establece que la Inteligencia Artificial debe ser una herramienta para luchar contra el cambio climático y los problemas medioambientales. Para conseguirlo, los gobiernos deben evaluar “el impacto medioambiental directo e indirecto a lo largo del ciclo de vida del sistema de IA”.
Luisa Del Hoyo Díaz
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