El cambio climático es un hecho que nadie niega. El exceso de emisiones de Co2 que se expulsan a la atmósfera, tienen su origen en una inmensa mayoría de aparatos y tecnología cuyo funcionamiento se basa en la quema de combustibles fósiles. Eso, junto a la deforestación, genera este cambio climático, también conocido como efecto invernadero. Prácticamente todo el Co2 se mantiene en la atmósfera, calentando el globo y generando temperaturas extremas, no solamente altas, sino también olas de frío extremas.
Por supuesto las energías renovables cada vez están más desarrolladas ante la arrolladora realidad, siendo bastante numerosa la cantidad de lugares donde se empiezan a construir valles eólicos, placas solares y demás tecnología no contaminante. Estoy seguro de que todos habréis oído hablar de estas energías renovables mencionadas recientemente, pero existe la posibilidad de que se os haya escapado alguna que otra. Por eso, arriesgándome a daros una información que ya conozcáis, os hablaré de la capacidad del ser humano de generar electricidad haciendo uso solamente de la marea del mar. Esta es, la energía mareomotriz.
Esta energía se consigue al aprovechar las mareas de los mares, haciendo uso de un alternador con el que se consigue electricidad con las subidas y bajadas del nivel del mar. Por supuesto, es una energía completamente limpia y que no deja ninguna clase de residuos puesto que solo usa un elemento natural del planeta, al igual que la energía eólica. Además, no agota la materia prima, simplemente “juega” con las corrientes ascendentes y descendientes de las costas y ríos donde existen estas construcciones.
Por desgracia, la relación entre la cantidad de energía que el proceso genera y los costes económicos y ambientales que requieren la implementación de estos sistemas han impedido notablemente su implementación.
Sin embargo, no viene para nada mal conocerlo con mayor exhaustividad, puesto que tarde o temprano, habrá que aprovechar cada oportunidad de conseguir energía limpia ante la futura desaparición de los combustibles fósiles.
Una de las plantas mareomotrices más importantes del mundo se encuentra relativamente cerca de España, concretamente en el río Rance (Francia). Funciona desde hace más de 50 años y produce la electricidad suficiente como para cubrir las necesidades de 225.000 habitantes. Mide 390 metros de largo y 33 de ancho y está constituida por 24 turbinas y es en esencia, una central hidroeléctrica reversible. Esto significa que no solo aprovecha la corriente del agua de una dirección, sino que genera electricidad tanto al ascender la marea como al descender. Este efecto es aprovechado por unas turbinas reversibles que giran al revés cuando es necesario, generando más energía que en las centrales hidroeléctricas clásicas.
De hecho, para agilizar el proceso y aumentar exponencialmente la cantidad de electricidad resultante, la propia planta bombea agua para aumentar más el nivel de agua del embalse, haciendo que aumente la altura de la caída de esta y simultáneamente disminuye el tiempo entre bajamar y pleamar. En otras palabras, las corrientes se controlan y se manejan a voluntad.
Es impresionante ver hasta dónde llega el ingenio humano. Ser capaz de controlar los ríos y costas a voluntad, era algo que antiguamente solo se podía imaginar como un acto divino y sin embargo aquí estamos, proporcionando electricidad y calefacción a miles de hogares de forma limpia. Pero por supuesto, queda mucho por hacer y perfeccionar y mientras estas energías solo sean una opción y no una prioridad, el destino de todos seguirá estando en el aire.
José Francisco Bullón Molina
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