Prácticamente todo lo que somos capaces de instalar en un hogar, junto al resto de tecnología que nos rodea, funciona con electricidad, o al menos su fabricación se basa en ella. Hoy en día son muchas las opciones que se han encontrado para generar esta clase de energía, pero la más usada y, en términos generales más rentable, es sin duda, la energía nuclear.
Energía nuclear
Como ya sabréis, la energía nuclear es aquella que se genera mediante un proceso en el que se desintegran los átomos de un material denominado uranio. La energía que libera el uranio al desintegrarse sus átomos produce calor con el que se hierve el agua que se encuentra en los reactores nucleares.
El agua al hervir provoca que una serie de turbinas gire y se genere electricidad en grandes cantidades. Esta energía no genera emisiones, de hecho, las grandes chimeneas que estas centrales poseen solo sirven para expulsar altas cantidades de vapor de agua, vapor de agua que, por supuesto, no posee ninguna otra sustancia.
Residuos nucleares
Sin embargo, a parte de la electricidad, también se genera algo más de todo este proceso. Los residuos nucleares, resultantes de este proceso de fisión y fusión de átomos, pueden poseer altos niveles de radioactividad, siendo, por ende, perjudiciales para la salud.
Por esa razón, pese a que no ocurra una contaminación directa en el proceso de obtención de energía, sí que hay que tratar con sumo cuidado y recolectar en lugares seguros estos residuos.
Normalmente, los tipos de residuos nucleares se clasifican por su peligrosidad, la cual depende de su nivel de radiactividad.
Tipos de residuos nucleares
El Consejo de Seguridad Nuclear español distingue entre:
- Residuos de baja y media actividad. Son los que contienen radionucleidos con un período de semidesintegración igual o menor a 30 años. Es decir, tienen una vida «corta» y, en unos cientos de años, generarán una radiactividad similar a la que habitualmente encontramos en nuestra vida diaria.
- Los que tienen un período de semidesintegración superior a 30 años. Además, pueden emitir calor y permanecer activos nada menos que varios miles o decenas de miles de años.
Los primeros residuos se generan, por ejemplo, en actividades de desmantelamiento de centrales nucleares o actividades médicas.
Los de alta actividad están constituidos sobre todo por el combustible gastado que se genera durante la operación de las centrales nucleares.
Tratamiento de los residuos
Los 3 principales conceptos de tratamiento de residuos radiactivos, según el Consejo de Seguridad Nuclear son:
- La reducción del volumen de residuos. Que se puede conseguir con procesos de evaporación, filtrado, centrifugación o descontaminación.
- El cambio de la composición del residuo. Mediante solidificación o reacción de cementación.
- La eliminación de los radionucleidos cuando se puede. Mediante procesos de precipitación o desgasificación.
Todos estos procesos, como podréis intuir, tienen como propósito rebajar en la medida de lo posible la peligrosidad de estos residuos, para, posteriormente, almacenarlos en lugares seguros. En otras palabras, no pueden reutilizarse ni eliminarse, solo guardarse.
El paso final es que estos residuos, tras haber rebajado su volumen lo máximo posible, se introducen en piscinas de hormigón y almacenes especializados en esta clase de residuos.
La finalidad de estos es la de guardar, de forma permanente o temporal, estas sustancias y de separarlas del medio ambiente, para que no afecte a fauna, flora o personas.
Si el humano fuera menos humano, este tipo de energías podrían utilizarse sin miedo a negligencias o vertidos ilegales que, por desgracia, siguen ocurriendo hoy día. Por esa razón, se entiende con mayor facilidad la necesidad de buscar alternativas limpias.
José Francisco Bullón Molina
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