Democracia de partidos

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La realidad nos muestra que, la configuración de las democracias representativas actuales en “democracias de partidos”, desvirtúan, en cierta medida, el concepto de representación, en tanto supone la introducción de una serie de prácticas que determinan la negación del mandato representativo.

En efecto, la democracia representativa actual gira en torno a los partidos políticos. Esto es, los partidos políticos se convierten en el eje sobre el que se desenvuelve la vida política del Estado y la actuación de sus instituciones, de ahí, que, si bien es cierto que la democracia actual se rige por el denominado “mandato representativo”, la evolución que ha experimentado el modelo de Estado democrático hacia el llamado Estado de partidos, ha dado lugar a la existencia, junto al reconocimiento jurídico de ese “mandato representativo”, de una especie de “mandato imperativo” entre los partidos políticos y los “parlamentarios” que los integran.

Se puede afirmar, entonces, que, junto a los partidos políticos que actúan desde fuera de la Cámara, los grupos parlamentarios se configuran en elemento clave de los sistemas parlamentarios de hoy, cobrando, en tal caso, dentro de la Cámara, el mismo protagonismo que ostentan los partidos políticos fuera de ella. No asombra, entonces, que, el Parlamento actual se caracterice por ser de fuerte signo grupal, ya que, no es el parlamentario individual, sino el grupo parlamentario, el elemento esencial de la vida del Parlamento. Una situación que, por otra parte, en España se vislumbra en todas nuestras Asambleas Legislativas.

Y es que, el reconocimiento jurídico del mandato representativo, determina, muy a pesar de cuál sea la práctica política, que el Parlamento está formado por parlamentarios individuales y no por grupos parlamentarios, y ello, aun cuando el Parlamento actual se caracterice por ese fuerte signo grupal. En consecuencia, la relación representativa, desde un punto de vista jurídico-formal, se establece entre el parlamentario y el electorado, y no entre el electorado y el partido político o entre el partido político y el grupo parlamentario. Es decir, es preciso diferenciar el partido político de su grupo parlamentario, pues los partidos políticos y los grupos parlamentarios, a pesar de su identidad, son dos realidades distintas que están llamadas a cumplir papeles también diferentes.

Manifestaciones de las situación

Con el objeto de analizar esta cuestión, se recuerdan los hechos que acontecieron en la vida política de la Comunidad de Madrid, el día 9 de junio de 2003, día en el que, si bien se preveía que la Presidencia de la Comunidad de Madrid podría corresponder a la cabeza de lista del PSOE, Rafael Simancas, con los votos favorables del PSOE e IU, cuya suma alcanzaba la mayoría absoluta (56 escaños), al no haber obtenido el PP, a pesar de su victoria electoral, la mayoría absoluta exigida (solo contaba con 55 escaños), dicha previsión se vio truncada al apartarse de la disciplina de partido dos de los diputados elegidos por las listas del Partido Socialista, cuya ausencia en la sesión constitutiva de la Asamblea de Madrid, puso en manos del Partido Popular tanto la Presidencia de la Comunidad Autónoma como la mayoría de la Mesa de la Asamblea.

Evolución del concepto de representación

La participación política del ciudadano se encuentra hoy directamente vinculada al concepto de representación, y ello, aun cuando se trate de un concepto en crisis dada la existencia de todo ese conjunto de prácticas que introducen nuevos modelos de “mandato imperativo” en el actual Estado de Partidos.

Desde otra perspectiva, parece conveniente advertir que, la consagración del “mandato representativo” por las democracias actuales, no ha impedido, sin embargo, que, en algunas circunstancias sea el “mandato imperativo” el que rija algunas relaciones. Este es el caso, por ejemplo, de los compromisarios en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, quienes se encuentran vinculados a la decisión previa del partido. Otro tanto se puede decir de los representantes de cada Länd en el Bundesrat o Cámara Alta Alemana, que se encuentra vinculados a votar en el sentido establecido por su respectivo Gobierno, dado que se trata de una Cámara integrada por los miembros del Gobierno de cada Länd ,en el número establecido para cada uno de ellos, configurándose, de este modo, como una auténtica Cámara de representación territorial.

Por último, señalar que, junto al debilitamiento del denominado “mandato representativo”, hay que añadir un cúmulo de prácticas dudosas y, en algunos casos, irregulares, que desvirtúan aún más el concepto de “representación, como pudieran ser, entre otros, la financiación ilegal, la asociación de los partidos políticos a numerosos casos de corrupción, el déficit de democracia interna del que adolecen algunas formaciones políticas, la falta de capacidad de los partidos políticos para llegar a acuerdos…; prácticas, todas ellas, que han provocado la desconfianza de los ciudadanos en los partidos políticos, así como en las instituciones, incluido el Parlamento; y que, por ende, vuelven a poner de manifiesto el deficitario sistema democrático actual.

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Pedro Paz García

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