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La mayoría de los accidentes eléctricos tienen lugar en el entorno laboral o en el hogar, principalmente por imprudencias o negligencias. Sin embargo, la situación de riesgo en la que se encuentran muchas de las instalaciones eléctricas de los edificios españoles, debido a su antigüedad, deterioro o incorrecto mantenimiento, no ayuda en este tipo de circunstancias. Además, un gran número de viviendas no cuenta con protecciones mínimas de seguridad en caso de posible accidente.

Por otra parte, el desarrollo de la tecnología en la actualidad ha dado lugar al aumento de los aparatos electrónicos en el hogar, lo que ha ocasionado un incremento del consumo eléctrico. Este crecimiento ha tenido como consecuencia problemas de descargas, sobrecalentamientos o incendios en las viviendas u oficinas, debido, en muchos casos, a la conexión de múltiples dispositivos en un mismo enchufe.

Aunque las revisiones periódicas a las instalaciones de baja tensión no son obligatorias, la ley establece que en media y alta tensión se deben realizar inspecciones cada tres años para garantizar su buen funcionamiento y conservación, y así favorecer la prevención de cualquier clase de incidente.

No obstante, aquellas instalaciones eléctricas que no hayan sido sometidas a revisión durante más de 30 años se considerarán altamente peligrosas por el deterioro que sufren sus materiales, incrementando el riesgo de incendio y electrocución. Así pues, estas revisiones han de ser realizadas por un profesional cualificado, ya que la intervención de los propios usuarios en la manipulación de cualquier instalación eléctrica es otro de los factores de riesgo más comunes que pueden llegar a producir descargas o cortocircuitos.

Debido a que nuestro organismo está compuesto fundamentalmente de agua, el cuerpo humano es un buen conductor de la electricidad. En función de la intensidad de la corriente que atraviese al cuerpo humano, la electricidad podría provocar una contracción descontrolada de los músculos si se produce una fuerte descarga, llegando a ocasionar daños irreparables. Los accidentes por electrización pueden provocar lesiones irreversibles en la persona que los sufre e incluso la muerte en los casos más graves. Es habitual que la mayoría de las electrocuciones a causa de una descarga eléctrica de alta intensidad terminen en parada cardiorrespiratoria si no se interviene rápidamente. Por ello, contar siempre con un profesional que se encargue de realizar este tipo de mantenimientos es crucial para salvaguardarte de un peligro fortuito.

Las recomendaciones básicas para la prevención de accidentes son:

  • Mantener los cables bien protegidos.
  • Evitar el uso de aparatos eléctricos en entornos húmedos o mojados.
  • Evitar que los cables y/o aparatos electrónicos que suponen un riesgo se encuentren al alcance de los niños.
  • Leer las instrucciones de seguridad de nuestros electrodomésticos y seguir las recomendaciones del fabricante.

Si bien es cierto que la mayor parte de este tipo de accidentes pueden prevenirse, nunca está de más conocer las precauciones necesarias a seguir en caso de percance por descuido. Además, debemos tener en cuenta que, en este tipo de situaciones, tanto la vida de la persona que lo sufre como la que auxilia a la víctima estarán en peligro. De esta forma, una guía básica será la siguiente:

  • La persona que auxilia no debe tocar a la víctima sin protección en las manos.
  • Tampoco se debe mover a la persona del lugar del accidente a no ser que sea estrictamente necesario.
  • Si tras la descarga se han producido quemaduras, únicamente se debe aplicar agua, intentando no retirar la piel muerta ni utilizar cremas o pomadas.

Debemos recordar que lo adecuado en todo caso será seguir las recomendaciones de los especialistas, es decir, de los instaladores electricistas o técnicos electricistas autorizados.

Ángela Martín Parrales

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