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La economía circular es una estrategia que tiene por objeto utilizar eficazmente los recursos naturales de los que disponemos para reducir la generación de residuos, creando así un ciclo económico y ecológico cerrado. Se trata de un concepto que, basado en la sociedad del reciclado, interrelaciona aspectos ambientales, económicos y sociales. Es una de las siete iniciativas que forman parte del plan Europa 2020, una estrategia económica estructural con el que la Comisión Europea pretende crear un marco político destinado a apoyar el cambio hacia una economía eficiente.

La economía industrial en la que se basa nuestra sociedad actual es un proceso lineal que conlleva la sobreexplotación de los recursos del planeta. A diferencia de los ciclos que configuran los ecosistemas naturales, con este modelo se extraen los materiales de la tierra para fabricar los productos, usarlos y luego eliminarlos, con muy poca atención en el reciclado. En cambio, sin necesidad de intervención humana, los recursos naturales son propiamente utilizados en los ecosistemas, pues las plantas que nacen en el suelo sirven de alimento a determinados animales que, a su vez, producen estiércol para reponer el suelo y comenzar de nuevo el ciclo. Con el factor humano, incluso la ganadería o la agricultura no siguen un curso circular, por lo que debemos plantear una alternativa adecuada como respuesta a modelos de producción poco sostenibles. Diseñar procesos por los cuales los residuos se conviertan en nuevos productos, aprovechando al máximo los recursos y minimizando los posibles desperdicios, es la clave para ahorrar en materias primas y en la energía que requiere la obtención y transformación de estas.

La población del planeta ha aumentado muy rápidamente en el último siglo, superando los 7.500 millones de habitantes en la actualidad. Esto supone que en más de cien años se han multiplicado por cinco las necesidades básicas de la humanidad contando con los mismos recursos naturales. Cada año, en Europa, se utilizan un promedio de 16 toneladas de materiales por persona. De ellas, alrededor de 6 se convierten en residuos, terminando la mitad en vertederos. Al mismo tiempo, la concentración de emisiones de CO2 se ha duplicado, acelerando el calentamiento global como consecuencia del efecto invernadero.

La economía lineal de la que hablamos comienza a tambalearse debido al agotamiento de los recursos naturales y combustibles fósiles. Por lo tanto, la economía circular propone un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza los flujos de materiales, energía y residuos. Este nuevo paradigma económico, así como la utilización de energías renovables, se ha consolidado como una de las mejores soluciones a largo plazo, ya que consigue convertir los residuos en materias primas y, al mismo tiempo, generar empleo. Pero para beneficiarse de las ventajas de implantar una economía circular, todos los actores de la sociedad han de contribuir, pues tanto los gobiernos y las empresas como la sociedad en general deben preguntarse acerca de sus necesidades reales.

Según la Fundación española para la Economía Circular (FEC), este nuevo modelo se establece en una serie de principios:

  • Eco-concepción: considera los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto y los integra desde su concepción.
  • Ecología industrial y territorial: establecimiento de un modo de organización industrial en un mismo territorio caracterizado por una gestión optimizada de los stocks y de los flujos de materiales, energía y servicios.
  • Economía de la “funcionalidad”: privilegiar el uso frente a la posesión, la venta de un servicio frente a un bien.
  • El segundo uso: reintroducir en el circuito económico aquellos productos que ya no se corresponden a las necesidades iniciales de los consumidores.
  • La reutilización: reutilizar ciertos residuos o ciertas partes de los mismos, que todavía pueden funcionar para la elaboración de nuevos productos.
  • La reparación: encontrar una segunda vida a los productos estropeados.
  • El reciclaje: aprovechar los materiales que se encuentran en los residuos.
  • La valorización: aprovechar energéticamente los residuos que no se pueden reciclar.

Se estima que el Plan de Recuperación para Europa por la crisis sanitaria actual destinará más de 150.000 millones al sector de la energía, con el fin de impulsar energías renovables, el vehículo eléctrico y la rehabilitación energética de los edificios. Esta última medida es una de las mayores prioridades en la búsqueda de la máxima eficiencia energética. Realizar un cambio estructural en los edificios ya construidos y en los de nueva obra supondrá una reducción significativa en el consumo energético final, así como en la contaminación derivada de la energía utilizada. Por tanto, esta inversión facilitará el uso de nuevas tecnologías sostenibles, además de desarrollar las ya existentes, como el biogás o el hidrógeno renovable, que pueden reducir la huella de carbono que hoy en día demanda la energía térmica.

El desarrollo adecuado de la economía circular nos ayudará a disminuir el uso desmedido de las fuentes naturales, a reducir la producción de residuos y a limitar el consumo de energía, para convertirnos en una sociedad mucho más moderna y sostenible.

Ángela Martín Parrales

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