La reparabilidad de aparatos eléctricos y electrónicos

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En una sociedad cada vez más consumista, el sistema productivo y de consumo especialmente de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) avanza a velocidades estratosféricas. Se trata de un gran problema ambiental donde juegan diferentes factores: la lentitud de la transición energética, la alta tasa de población y la insuficiencia de materias primas.

¿Puede una etiqueta luchar contra la obsolescencia programada?

En primer lugar, debemos hablar del Índice de Reparabilidad, el cual consiste en una clasificación de los AEE en una escala de 0 a 10 puntos que se adjudicaran a aquellos aparatos que cumplan algunos de los cinco criterios objetivos. Se tendrá en cuenta:

  • Documentación sobre la reparación del producto
  • Facilidad para el desmontaje del aparato
  • Disponibilidad de las piezas de repuesto
  • Relación entre el precio de los recambios y del producto original
  • La facilidad de reinicio de software en base a la categoría de AEE

Esta iniciativa, que ya ha pasado consulta en los meses de mayo y junio de este año, se espera que sea adoptada para el cuarto trimestre de 2021. Se espera impulsar la economía circular donde entran en juego las cuatro “R”. Estas son: reducir, reutilizar, reparar y reciclar. Centrándose sobre todo en la reparación con este etiquetado se busca que los fabricantes ofrezcan productos con una vida más extensa y reparable.

Todo ello con el fin de acabar con la obsolescencia programada, es decir, la vida útil que le da el fabricante al producto para que después de un periodo de tiempo este sea inservible. Una práctica desleal con el consumidor y que el Ministerio de Consumo debe acabar con ella.

Sin embargo, algunos expertos ecológicos como Amigos de la Tierra apuntan que este índice no pone una obligación específica al fabricante y deja que sea el consumidor el que tome la decisión asumiendo las consecuencias medioambientales. Pero son los fabricantes los que deben apostar por una competencia más leal realizando una producción más sostenible basando su liderazgo en el mercado con medidas ecológicas.

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos

Uno de los objetivos con este Índice de Reparabilidad es reducir el número de residuos de estos aparatos. La basura electrónica o residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) es unos de los grandes problemas medioambientales debido a que estos residuos contienen un gran número de sustancias peligrosas. Algunas de ellas son el cadmio, mercurio, arsénico, fósforo y plomo, entre otros. Todas ellas más los aceites peligros y gases desgastan la capa de ozono afectando aún más al calentamiento global e incluso son perjudiciales para la salud humana cuando estos residuos no son tratados adecuadamente.

Para el año 2040, un informe de World Economic Forum prevé que las emisiones resultado de la producción de AEE aumente hasta un 14%. Además, para 2050 se cree que el volumen de RAEE llegue hasta 120 millones de toneladas por año.

El problema de tal número de residuos se debe a diversos elementos de los cuales no se ha prestado la atención debida hasta ahora. Para empezar, hay una insuficiencia de recogida separada, una condición elemental para el correcto tratamiento de los residuos. Además, los consumidores se encuentran desprotegidos al no contar con información fiable sobre la sostenibilidad de los productos que adquieren y desconocen las sustancias químicas que poseen estos. Por último, disminuyen las materias primas y materiales críticos vitales para la economía y que están en un gran número de aparatos eléctricos y electrónicos.

Necesidad de un cambio en la producción y en el consumo de aparatos eléctricos y electrónicos

Según apuntaba el ministro Alberto Garzón, el consumo de productos eléctricos y electrónicos es muy alto lo que se traduce en un gran gasto de minerales y recursos no renovables.  Por ello es muy importante focalizar estas medidas teniendo en cuenta el diseño de los aparatos para que tengan una mayor durabilidad. También, que los consumidores tengan información suficiente sobre el producto que adquieren como su vida útil y las características ambientales.

Se deben garantizar medidas que aboguen por productos con un diseño ecológico, una etiqueta energética como se viene haciendo, pero con un mayor número de aparatos. También se necesita una normativa de uso y una garantía de compraventa y regulación en cuanto a las sustancias químicas empleadas para la producción.

Sin embargo, todas estas medidas dependen de los medios disponibles para controlar su cumplimiento. Además, se necesita cambiar las pautas de producción y sobre todo de consumo que están fuertemente arraigadas en nuestra sociedad.

Erika Forero Ovalle 

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