De igual manera que llevamos el coche al mecánico cuando pierde aceite o, vamos al médico a realizarnos análisis de sangre cada cierto tiempo, ¿por qué no revisamos periódicamente nuestros electrodomésticos de gama blanca (nevera, horno, lavavajillas, lavadora…)?

Es un error no hacerlo, puesto que, como menciona el FECE los electrodomésticos nos hacen la vida mucho más fácil y son fundamentales en nuestro día a día. Además, si realizamos un seguimiento de éstos, ayudaremos a mejorar su funcionamiento, otorgándoles una vida útil mucho más larga, a la vez que ahorraremos en gastos destinados al hogar.
Para ello, es fundamental que se cumplan los siguientes tres requisitos en cada electrodoméstico de nuestro hogar:
- Sigue las instrucciones: es importante leer el libro de instrucciones del electrodoméstico antes de utilizarlo, puesto que la empresa fabricante nos informa sobre las recomendaciones de uso, entre otros datos de carácter importante. Además, actualmente no hay excusa para no hacerlo, dado que los manuales están disponibles en internet.
- Limpieza: se deben mantener limpios con regularidad, ya que una mala higiene de estos, influirá en su funcionamiento. Un consejo para ello es utilizar productos naturales, como el vinagre, que es menos dañino con el medio ambiente, entre otros beneficios.
- Repararlo cuando se detecte una avería y no esperar a que deje de funcionar por completo: no es una decisión acertada seguir usando un electrodoméstico que esté ligeramente dañado, puesto que la dificultad de la avería se incrementará, y seguramente será necesario reemplazar el electrodoméstico por uno nuevo, en lugar de corregir el daño, lo que supondrá un coste mayor.
Tras conocer estos consejos básicos e imprescindibles para el funcionamiento óptimo de nuestros electrodomésticos, es momento de descubrir unos tips para el uso concreto de cada uno de ellos.
Lavadora:
- Secar el agua que queda entre la goma y el tambor.
- Vigilar que no se quede ninguna prenda dentro.
- Dejar la puerta entreabierta para que se seque y ventile tras su uso.
- Controlar que las mangueras no tengan grietas para evitar posibles fugas, y remplazarlas cada cierto tiempo, según lo indique el fabricante.
- Limpiar el filtro cada tres meses.
Lavavajillas:
- Dejarlo entreabierto con regularidad para eliminar malos olores.
- No aclarar la vajilla bajo el grifo antes de meterla en el lavavajillas (así también ahorraremos agua), si no que se retiren los restos de comida con un trapo.
- Poner un programa de lavado vacío a una temperatura elevada una vez al mes.
- Limpiar el filtro para evitar que quede obstruido.
- Descalcificar con regularidad.
Horno:
- Supervisar las hornillas.
- Revisar el sello de la puerta (para evitar perder calor).
- Limpiar la puerta con jabón tras su uso, para evitar que se acumule grasa.
- Limpiar las rejillas y bandejas con productos específicos.
Nevera:
- Realizar varias limpiezas en profundidad al año, tanto por dentro como por fuera, para evitar malos olores, bacterias que puedan afectar a los alimentos y daños en su funcionamiento
- Controlar que la temperatura sea la correcta, y que no se formen bloques de hielo en las paredes.
- No introducir alimentos calientes, para evitar el aire caliente en su interior.
- Dejar espacio entre los alimentos para promover una correcta circulación del aire.
- Evitar dejar la puerta abierta.
Lara Orgaz Gómez
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